En Madrid tenemos cines en V.O.S, Starbucks cada 100 metros con fantásticos coulants de chocolate y tenemos bibliotecas abiertas las 24 horas del día en época de exámenes. En la capital hay cursos de todos los idiomas, exposiciones, museos y hay un transporte público caro, pero que permite vivir sin coche. También hay un flujo constante de gente que viene por un tiempo y se va. Y a veces me preguntan ¿Y qué hay en Campanet? Pues en Campanet está mi madre (y mi padre).
El problema surge ante la combinación: hija en Madrid + madre en Campanet + gripe de hija. El resultado es una masa de apuntes, periódicos y kleenex, que de un momento a otro van a montar una revolución y a echarme de mi habitación. A lo que habría que sumar la sopa china a 0’85 euros el sobre, superviviente de la gripe de mi compañera de piso, cortesía de su novio. Cortesía de su novio la sopa, no la gripe.
¿Ahora entienden por qué los jóvenes viven con sus padres hasta los 30?
En cualquier caso, que no cunda el pánico. Lo imprescindible lo tenemos en Campanet y en Madrid: cola-cao.
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