Dulce oposición
Cuantos más años llevo militando en Juventudes y en el PSOE más curiosa me resulta la afirmación de quienes dicen que militar en un partido es entrar en el pensamiento único, sobre todo en estas épocas de oposición. Decía un compañero que a nadie le gusta que le critiquen, pero que a todo se acostumbra uno. Participar en un partido es asumir la discrepancia y a su vez la necesidad de acuerdo. Lo peor de la travesía del desierto es la locura “ideológicorganizativa” en la que se corre el riesgo de caer. Es algo así como que los años en la oposición pasan más lento que en el gobierno, las iniciativas parlamentarias caen en saco roto y además, está la expectativa de todos de que acabe de una vez la legislatura y haya elecciones y ganemos. Y todo el mundo tiene su particular teoría de cómo hacerlo. Y todos pensamos que tenemos la razón. Piensan que tienen la razón quienes quieren primarias, quienes no quieren, quienes quieren y no lo dicen, quienes quieren a Rubalcaba, quienes quieren a Chacón y quienes quieren a alguien nuevo que saben quien es y quienes quieren a alguien nuevo que no se sabe quién es pero que es un ente abstracto que representa las bondades ideológicas y organizativas que nos van a devolver al poder, ergo, a poder cambiar las cosas a mejor. Este resumen de variedad de opiniones, que en realidad son más amplias y diversas, es el conjunto de personas que estamos haciendo el recorrido por el desierto. A eso le sumas la crisis económica e institucional y uno ya no sabe por dónde empezar. En general, todas esas cosas me cansan. Confieso que me agotan los dirigentes que se dedican a hacer puntos hacia las primarias, me desesperan los adalides de las bases que no han visto una agrupación local de pueblo en su vida. Me cansan los errores de la dirección pero me agotan más quienes quieren hacer sangre con ellos. En el desierto, casi todo cansa.
Un compañero siempre me dice “a veces se nos olvida que todos somos del mismo partido”. Y es eso. Creo que lo que más me agota de todo el engranaje mediático de movimientos de partido, es en primer lugar, que no conduce a nada positivo, y sobre todo, la sensación de que mi realidad diaria de participación en el partido y juventudes vive en un mundo paralelo. Vivo en un mundo paralelo dónde se buscan soluciones a problemas actuales en diferentes conferencias políticas que nos tienen a todos de reuniones temáticas. Vivo en un mundo en el que organizamos actividades, debates, cineforums y campañas de denuncia de aquello que no nos gusta del Gobierno. Eso me da fuerza, eso es lo bonito y lo real de participar en un partido político, lo demás son intrigas palaciegas que no conducen a nada ni aportan soluciones. Ni las campañas ni las actividades tienen mucho alcance mediático, pero me quedo a gusto pensando en que es lo correcto. Si seguimos empeñados en seguir a base de luchas cainitas en los medios nadie sacará nada en claro, por mucho que todos tengamos la razón. A veces, tener la razón no basta.
